sábado, noviembre 21, 2009

Crónica de un sueño esquizofrénico

La casa era tan destartalada como la cronología de un adicto a las drogas. Buscaba entre sus cajones y rincones más ocultos... ni yo sabía qué buscaba. Pero estaba empeñada en ello. Como si fuera una película erótica iba totalmente desnuda, dejando mi trasero al aire y en posición cuando me agachaba al querer seguir husmeando entre los huecos de la casa. En una de esas un tipo me agarró por las nalgas y me las abrió como el que quiere abrir un melón entreabierto por una cuchillada. Entonces me violó. Analmente.

Un rato más tarde me encontraba acariciando un perro con el lomo manchado de heces. Sin embargo me entretenía acariciándolo. Fue entonces cuando una anciana con el pelo canoso y varias heridas en la cabeza se me acercó y me dijo cosas inconexas. Menos la entendí cuando su voz quedó en segundo plano y me quedé fija mirando cómo de sus heridas salían y entraban gusanos. Le miraba a los ojos y enseguida volvía a los bichitos. No lo podía evitar.

Acabé saliendo de aquel lugar por una calle llena de basura. Al ir desnuda estaba expuesta a todo lo que había tirado por el suelo. Ni si quiera estaba asfaltado. Cuando el suelo parecía estar más limpio me encontré con unos monaguillos que apedreaban a un cura de negro que huía de ellos. Me persigné y seguí mi camino. Escuché unos gemidos y eran de una monja veinteañera con el hábito por encima de sus pechos blancos dejándose tomar por un quinceañero pajillero con una polla descomunal. Me acerqué a ellos. Se la agarré a él y palpitante que estaba como el corazón de un hamster tras correr en la rueda, la guié hasta el entonces santo y virgen rincón húmedo de la religiosa.

Ahí acabó mi sueño. Ahí empieza tu imaginación.