domingo, octubre 11, 2009

Hijas de puta

El otro día iba en el bus, era poco después de comer así que no había mucha gente. Unos asientos delante de mí veía a un par de amigas adolescentes (parecían sacadas de alguna serie para jóvenes pijas de Disney Channel) muy máquilladas y repeinadas, con unas ropas que hacían parecer una monja a cualquier estrella del pop.

Al otro lado del pasillo de donde estaban sentadas estas chicas había un chaval con síndrome de Down, mayor que ellas. Ellas estaban atareadas con el móvil de una de las dos, cuchicheando algo, de pronto el chico se dirigió a ellas.

-Perdonadme.

Parece que no lo escucharon. Por eso insistió pero esta vez tocando en el brazo a la que más cerca le pillaba.

-Perdona.
-¿Qué mierda estás haciendo mongolo de los cojones? Deja de tocarme subnormal.
-Perdona, sólo quería saber si tenéis hora.

Se le veía muy triste con el trato que le habían dado. Tanto que se cambió de asiento, pasó del pasillo a la ventana, y se quedó mirando el paisaje, perdido en sí mismo. Me levanté y anduve a tropezones porque el autobús estaba en marcha. Me senté a su lado tras preguntarle si podía.

-Son las cuatro y media.

Me sonrió. Las niñas de al lado seguían a lo suyo, como si nada hubiera pasado. Me preguntó por mi nombre. Él me dijo el suyo. Me dio las gracias y apenas nos dijimos nada más, pero ya lo notaba mejor. Las hijas de puta de al lado bajaron varias paradas después. Eso me tranquilizó. Yo me bajé antes que él. Me arrepentí de no haberlas puteado. En aquel momento me preocupé más de su tristeza que de mi odio. Deberían haberlas atropellado un coche aquella tarde.

Ojalá.

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