Hoy me duele mucho la cabeza. No. No es el típico truco al que nos agarramos las mujeres en caso de necesidad. Me duele de verdad y me duele mucho.
En momentos como este me acuerdo de la gente que sufre y padece dolores. El dolor es facil observarlo cuando no está acribillandote, pero cuando lo hace, cuando tú eres su víctima, es muy puñetero. Es tu peor enemigo, porque forma parte de tí, porque está en tí, contigo.
Una aspirina (lease ácido acetil salicílico) y me pondré buena. Conozco un amigo que nunca toma pastillas. No se fia. Cree que nos matan poco a poco esas cosas redondas. El prefiere lo sano. Yo me pregunto si a estas alturas hay algo sano, que no esté manipulado por el hombre. Supongo que cuando a mi amigo le entre un buen dolor, de estos que son insoportables, que le hagan maldecir, irritar y gritar, quizás acepte la pastilla como medio para calmarse. Como buena amiga no le deseo que le haga falta jamás. Pero tampoco podemos ir por ahí, vacilando, de forma engreida, como un hipócrita que "a mi no me hace falta tomar pastillas". Porque la vida da muchas vueltas, y la juventud no es eterna. Mas quisiera yo. ¿Verdad?
martes, junio 14, 2005
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario