Una decena de duendes han poseido mi cuerpo en mi siesta de esta tarde. Donde la calor era una caricia que me erizaba los pezones a cada instante. Donde los duendes hacian travesuras a lo largo de toda mi piel. Pequeñitos... menuditos, pero juguetones... matones. Mas dormida que despierta. Con mis ojos casi cerrados por el peso de la calor en mis párpados y el sudor resbalando en forma de gotas por mi espalda.
Con sus pequeños penes querian saciarse de mi lujuria. Me quitaron el sujetador entre dos o tres, el resto se dedicó a bajarme las braguitas hasta la altura de los tobillos, donde las dejaron ahí, sin llegar a sacármelas por completo. Les daba morbo verme con ellas cautivándome los pies. Yo me dejaba hacer. El sueño me susurraba al oido en forma de gemido.
Algunos duendes traviesos empezaban a frotarse por encima de sus pantalones verdes, otros mas exhibicionistas empezaban a masturbarse con sus pequeñas pollas, con el pantalón por las rodillas, a la vista de todos.
Uno me metia su pollita por mi boca, uno de los mas fuertes. El mas barrigón queria metérmela entra mis tetas. Despues de varios intentos lo consiguió, le tuve que ayudar presionando un pecho contra otro. Un par de duendes jóvenes, estaban agarrados a mis dos pezones, chupándomelos como bien sabian, se agarraban bien a ellos ya que mis pechos se movian mucho con las penetraciones del barrigón entre mis mamas.
Mas hacia abajo, habia uno a la altura de mi ombligo, se masturbaba sin parar, viendo a los demás como jugaban y se divertian con mi cuerpo. Sus pantaloncitos verdes hasta sus rodillas se salpicaban de su propio semen cada vez que se corria sobre el final de mi vientre. Eyaculaba una vez tras otra, no tenia parangón, y yo sentia el calor de su líquido blanco, a veces sentia cosquillas al chorrearme hacia los costados, manchándome las sabanas blancas.
En mi clítoris habia tres hombrecitos verdes, frotándome sin parar. Eran los que mas placer me daban. Sabian hacerlo. Con sus pequeñas y delicadas manos me ofrecian toda su sabiduria para conseguirme el placer que me subia por todo mi ser. Sabian ponerme cachonda. Con sus masajes de mi clítoris hacian disfrutar a los dos de los pezones cuando estos se ponian mas duros de lo que estaban, los duendes de los pezones se balanceaban con cada folladita de mis tetas por parte del barrigón. Uno de los tres que estaban en mi clítoris, el mas joven, a veces terminaba haciendose una paja de la calentura que le entraba.
Verlos tan juguetones a todos me tenia completamente excitada. Me costaba mantenerme quieta, pero movimientos bruscos habrian acabado tirándolos al suelo. Los pobres solo querian disfrutar. Tenia mucho cuidado con ellos. Al igual que ellos cuidaban bien de mi. Los dos duendes qeu faltaban, estaban en los lugares mas escondidos de mi templo carnal. Uno metia su pequeño cuerpo a través de mi coño, y volvia a sacarlo, me follaba con todo su cuerpo. El otro duendecito me daba masajes entre la vagina y mi culo, refregándose contra mi con todo su menudito cuerpo, incluida su pequeña cosita.
Me quedé dormida entre un sofoco de placer.
viernes, junio 17, 2005
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