Me gusta más leer en libro de bolsillo que con un libro dos veces o casi tres mas grande y la misma proporción de mas caro. Me siento mas cómoda leyendo. Será que el ahorrar me impregna de ciertas manias y gustos que luego las hago mias.
Ahora que os hablo de libros, se me viene a la cabeza esas librerias de segunda mano que hay en toda ciudad que se precie. Intento visitarlas en épocas no calurosas, preferiblemente invierno. Entrar dentro de una libreria con libros usados es como entrar a una catedral. Una catedral de sabiduría en donde reina el silencio y se nota algo especial al pasar la puerta. Ese algo es el olor que pulula por todo el local. El color amarillento es el que predomina en todas las hojas de los libros allí esparcidos. La mayoria de las veces sin un orden especial. Ni si quiera por alfabeto. Libros ocultos entre libros amontonados por aquí y por allá esperando a que alguien los saque de su escondite. Algunos condenados a no leerse jamás. Otros, se irán en unas manos desconocidas habiendo sido canjeado por pocas monedas. Me vuelve ese olor a libro antigüo. Es tan penetrante y tan seductor. Me sosiega. Me incita a coger un buen libro entre mis manos. A hojearlo. Y a ojear su contenido. Unas contraportadas que muchas veces dicen mucho, otras nada.
Esperaré con gusto el invierno, para sentir de nuevo esa sensación de estar embriagada por miles de libros viejos, mientras fuera de la libreria la gente sentirá el frio en sus caras.
miércoles, septiembre 22, 2004
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1 comentario:
A aprovechar que aún pse puede ver la letra pequeña de los de bolsillo, y lo ahorrado. Saludos.
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