jueves, septiembre 17, 2009

Rabito

Mi excompañera de piso, La Loca, la veo sólo por internet, porque nos pilla un poco lejos. Se ha vuelto a echar novio, están viviendo juntos en un piso alquilado, más grande que el mío, por supuesto.

Este pisito es como yo, pequeñín pero matón. Si estuviera más loca de lo que estoy ya le habría puesto un nombre a mi piso alquilado. Podría haberle llamado con nombre de varón. Quizás uno exótico y raro, de esos nombres que sólo sabe como se escribe bien el que lo lleva en el documento de identidad y el funcionario vago que lo registró. Pero no me sale nombre para mi piso. Aún sigo cuerda. Más o menos.

Creo que no te lo he dicho, no estoy tan sola, tengo algo de compañía. Es un gato. A este sí le tengo puesto un nombre. Rabito. ¿Te suena a coña? No, es en serio. No te rías, please. Tiene un rabo muy corto desde pequeño, por eso le puse Rabito. No tiene nada que ver con el pene del gato. Me lo regaló mi hermana en una de las veces que vino a visitarme. "Un gato no te dará problemas, come, bebe, caga y mea solo. Son limpios e inteligentes". Tenía razón, con Roco, nuestro perro, siempre la pasamos canutas para enseñarle a no mearse dentro de casa. Con el gato ha sido como si viniera ya programado de serie.

Ahora que lo pienso me gustan las mascotas con "R".

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