miércoles, septiembre 16, 2009

Siesta tranquila

Hoy me eché una siesta tranquila después de llegar del trabajo y una vez que había lavado los platos tras el almuerzo. Dejé entreabierto el balcón de mi habitación y me tumbé en la cama. Entró un aire fresco muy rico que se agradece tras las temperaturas tan pegajosas que tuve que soportar hasta hace sólo unos pocos días. Tenía mucho sueño, por despetarme tan temprano.

Esta mañana de camino al trabajo olía a suelo mojado por la lluvia. Me sentía muy cómoda, relajada, no sabía si era una mezcla del dedito que me hice en la bañera y el frío o por estrenar unas nuevas braguitas de la suerte, por supuesto, de color negro.

Ahora mismo está cayendo el Sol, todo se está tiznando de gris, estoy sentada en el escritorio de mi habitación que está frente al balcón. Ya no se ve tanta gente por la calle como hará un mes. Veo un gato algo perdido merodeando. Echándome un poco hacia delante puedo ver el cielo, nubes y claros. Ya huele a otoño. No es El Corte Inglés.

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