María, mi casera madurita, tiene voz de fumadora empedernida. Sé que a algunos hombres eso les parece sexy. Cuando otras veces he escuchado sus gemidos a través de estas paredes endebles siempre me ha hecho recordar a ciertas cantantes con voz quejumbrosa.
Hoy la voz ronca de María se alzaba por el pasillo, pedía ayuda, yo estaba comiendo, salí a su encuentro, segundos antes había llamado a mi timbre. Un abuelo, vecino del piso superior estaba inconsciente en el suelo. Tenía pulso pero no respondía a ningún estímulo doloroso. Al poco vino la ambulancia y se lo llevaron. Ya no sé qué pasó. Ella estaba un poco nerviosa porque era la primera que se lo encontró. Somos humanos. No solemos estar preparados para encontrarnos cosas que no esperaríamos ver en un día normal y corriente como otro cualquiera del año.
Hace unos meses me impresionó ver, de camino al trabajo, un grupo de paramédicos intentando reanimar con masajes cardiacos a una mujer que estaba tirada en el suelo. Yo iba caminando y pasé junto a su lado sin pararme, llegaba con la hora justa, pero aquella escena ya me dejó tocada todo el día.
Es raro que te puedas topar con cosas así a diario, porque todo está preparado para que lo evites. Un accidente, un asesinato, un suicidio, una persona inconsciente... en minutos es quitado de la vista de todos. La policía, los médicos, los bomberos, etc... se encargan de que todo siga como si nada hubiera pasado a los diez minutos del suceso. A veces lo vemos, siempre nos sorprende.
viernes, septiembre 18, 2009
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1 comentario:
Procuro tener en mente la idea que Pérez Reverte transmitió con su artículo "La mujer del vestido blanco", en la que describe la burbuja en la que vivimos.
http://diegocg.blogspot.com/2007/01/la-mujer-del-vestido-blanco.html
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