Hace varios dias desde que ví la factura de los teléfonos eróticos. Ya no estoy tan preocupada por decírselo o no. Lo voy a dejar correr mientras pueda. Supongo que ella hará lo posible por ocultarme la factura de papel en cuanto venga la carta, e ir a ingresar el dinero como si nada hubiera pasado.
Esta mañana tuve que comprar unos sobres y unos sellos cerca de la universidad. Hacía un frío tremendo. Iba tapada hasta las cejas desde la facultad hacia el estanco. Excepto las manos, que las tenia desnudas. No podia ocultarlas en mis bolsillos porque en una mano llevaba una carpeta y en la otra una rosa roja sin espinas.
Entré al estanco y coloqué sobre el mostrador de cristal mi carpeta, y sobre esta la rosa roja.
Pedí lo que necesitaba comprar, y antes de que ojeara en mi monedero en busca de monedas sueltas, la chica que me atendía se quedó mirandome las manos como si hubiera descubierto lo que estás hacen a oscuras con mi cuerpo. La mano derecha estaba llena de sangre. Por el frio. Al rozarme los nudillos con el chaquetón, con los andares, posiblemente me habria hecho las heridas. Pagué y volví por donde habia venido. Antes, regalé la rosa a la viejecita gitana, que vendía castañas asadas en la puerta.
martes, noviembre 16, 2004
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