domingo, noviembre 14, 2004

La leyenda

Hay una historia en mi pueblo curiosa. No todo fué siempre turistas y mar. A varios kilometros de la playa, y con telón de fondo de una gran montaña, se puede topar cualquier persona que pase por allí con un gran nogal ancestral. Este árbol, que es una grandiosidad para la vista y un embellecedor para nuestro paisaje fué testigo según cuentan las lenguas añejas de los mas viejos del lugar de un hecho sin precedentes.

La historia cuenta que en plena guerra civil española, el maestro de la escuela de mi pueblo se volvió loco. Este, bajo los sintomas de su alienación impronta y provocada por el pandemonium de la lucha fraternal llevó a cabo un hecho que no pasaría desapercibido en las gentes del lugar.

El profesor, de la mano de la locura, fué recogiendo uno a uno, casa a casa, los niños a los que el impartía clases. Les decia a los familiares que los iba a llevar aquel dia de excursión. Desde que comenzó la guerra los niños dejaron de ir. Pero los progenitores de estos confiaron en el buen gesto y palabra del docente para darles un paseo, concediendole la tutoria de cada niño, hogar por hogar.

Dicen que él tenia en mente que los chavales sufrian por culpa del conflicto bélico. Y al igual que los cazadores del pueblo cuando dejaban a un conejo mal herido, acababan con su sufrimiento con un simple golpe seco de la mano contra el cuello del animal, él queria acabar también con el dolor de los pequeños, para que dejaran de sufrir...

Cuentan que guió al grupo de niños a la zona del nogal. El maestro de escuela se encargó de la comida, llevandose lo poco que pudo encontrar, era época de hambre y de pocos alimentos.

Entonces propuso un juego a los pequeños. Estos, que comprendian de edades diferentes pero sin superar los diez años mas o menos, fueron poniendose de espaldas al gran nogal. Para algunos centenario, para otros milenario. Algunos no cabian y no podian pegar sus espaldas al arbol, conformandose con apoyarse entre los hombros de cada dos niños. Una vez todos puestos de espaldas al gran tronco, el maestro, sudado en locura los rodeó con una cuerda y los dejó bien amarrados al nogal.

Sacó una pistola y mató al primero que le iba a preguntar si el arma era de verdad. El corazón fué el parachoque de las balas. No terminó su frase. Al segundo que asesinó fué de un tiro en la cabeza. Al igual que al resto. Dejándoles las caras casi irreconocibles porque apretaba el gatillo demasiado cerca. Su cara se llenaba de sangre con cada gatillazo. Cuando recargaba la pistola, se tomaba su tiempo mientras los que quedaban vivos se destrozaban la garganta pidiendo ayuda. Casi siempre a sus mamás. El último que murió era el mas gordito de todos.

Te preguntarás cómo se los detalles. El profesor escribio una carta. Con todo lujo de detalles. Se la llevó en su bolsillo a una de las tres tabernas que habia por aquel entonces. Pidió un vaso de vino. Y una vez puesta la carta sobre la mesa, se disparó en la cabeza después de sacarse la pistola, tan rápido como el tiempo que tardó en morir.

La carta aún está hoy en lo que ahora es un restaurante y en su tiempo fué la taberna. Enmarcada. Con manchas oscuras de su sangre. En un sitio privilegiado de la pared.

Para navidades, los juguetes viejos que los pequeños ya no utilizan se llevan al gran nogal, el dia antes de los Reyes Magos. El nogal hace de arbol de navidad. Y los regalos rememoran a los que hace años perdieron su vida estancada en la niñez.

Los juguetes son llevados luego a los sitios mas defavorecidos de los alrededores. Los encargados de ello, los maestros de mi pueblo...

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