La vecina de enfrente. Esa que vive a la altura de nuestro piso. Cada tarde, a eso de las cuatro o cuatro y media, puntualmente como un reloj, sale a su balcón, a veces en bata, otras veces vestida. Se espera unos minutos agarrada a la baranda negra y polvorienta mientras vigila a alguien en la calle. Lo sigue con la mirada y vuelve a meterse dentro.
Alrededor de las cuatro y pico, un niño sale siempre de lunes a viernes del portal de enfrente. Lleva una carpeta negra rectangular tamaño folio cogida por sus pequeñas manos. No será mas grande que el niño aquel que se cogia la polla en el colegio. Sale de su edificio de pisos y se dirige hacia la esquina de la calle perdiendose de vista al girar.
La madre protege al niño desde el balcón con su mirada, mientras este se desvanece entre los edificios. Si lo atropellara un coche, la madre desde ahí arriba no podria hacer nada. Si alguien lo raptara, tampoco. Si una mujer madura lo intenta violar en medio de la vía pública, no le daria tiempo de llegar a la calle cuando la virginidad del niño ya habria sido profanada. ¿Qué clase de protección da una madre solo con mirar? Creo que ninguna.
Mañana el niño volverá a salir. La madre volverá a mirar. Yo los volveré a ver preguntandome lo mismo.
miércoles, octubre 06, 2004
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