En pleno siglo veintiuno aún hay etnias que huyen de las fotografías. Esos trozos de vida que se quedan plasmados mientras el paso del tiempo lo permita. Para los famosos una foto imprevista es una intromisión en la intimidad. Para estas sociedades que no quieren las fotografias ni en pintura ven a la cámara como un objeto que les puede robar el alma. Desde los talibanes hasta tribus africanas. Temen que sus almas sean capturadas por esa máquina que captura instantes de vida.
Algo tengo en común con esos grupos sociales, odio que me hagan fotos. Ya no se si poner de excusa que me pueden robar mi querida y menudita alma. ¿Por qué? No lo sé. Será algo innato.
Con el avance de los telefónos móviles cada vez mas preparados para capturar momentos vividos y la proliferación de los mismos en la sociedad, en cuanto veo un aparato de estos con cámara incorporada en manos de alguien pienso que me puede fotografiar sin mi permiso y solo Dios sabe a donde iria a parar esa foto mia. Podrian echarme la instantanea y no darme cuenta. Me da pánico ver un teléfono de estos en manos de un o una cualquiera. A veces mas temor si es en manos de una persona conocida.
Por otro lado, hay gente que utiliza esto de los móviles con cámara para exhibirse, para vender su alma al diablo o quizás a quién las disfruta como es el caso de Nikki. Ya lo dijo "El Gallo", el torero, cuando le presentaron a Ortega y Gasset como un filósofo que se ganaba la vida pensando: "hay gente pa to".
Yo prefiero estar detrás del objetivo, dandole al obturador y capturando almas. La mia no está en venta. Por ahora...
viernes, octubre 15, 2004
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