martes, octubre 12, 2004

Mi diccionario

Esta mañana, al salir de mi cuarto me dí cuenta que "la loca" y "ese" estaban celebrando el dia de la Hispanidad a base de polvos mañaneros y escandalosos. Creerian que yo aun dormiria como una gatita pequeña.

Bien sabe "la loca" que cuando duermo no me entero de nada. De ahí que se permita gemir un poco cuando cree que estoy acurrucada entre mis sábanas y mi almohada querida. Pero cuando estoy despierta ya es otro cantar. Esta vez estaba despierta.

Mientras el novio se la metia una y otra vez, yo me fuí a por un vaso de leche frío a la nevera, cuando volví al salón, los gemidos habian cesado, seguramente habrian escuchado la puerta del frigorífico al cerrarla. Me cogí una revista, encendí la tele al azar, y con la televisión de fondo me puse a leer. Hubo una palabra que no entendí. Fuí a por mi diccionario a mi habitación y lo cogí entre mis manos. Robusto y pesado olia a infancia. Busqué entre sus páginas (algunas despegadas) la palabra desconocida y hallé su definición. Antes de cerrarlo me dí cuenta de una cosa. Sus páginas se están volviendo amarillentas. Lo cerré y lo volví a poner donde estaba. El libro deshojado y amarillento tiene unos doce años menos que yo. Se está haciendo viejo. Me estoy haciendo mayor.

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